Luis Alberto Tamayo: “Cuando escribo para niños no escribo para tontos… no les puedo mentir”

16 Mayo, 2014

Para Luis Alberto Tamayo (54) existe la buena literatura, esa que tiene sentido y valor, que conmueve y remueve al lector; y la otra, que en algunos casos sólo entretiene a “gente cansada”. Esta convicción, junto con su compromiso lúdico con la vida, ha dado base a su carrera literaria, iniciada con sólo 18 años, cuando gana su primer concurso convocado por la Vicaría de la Solidaridad. En tiempos de dictadura, esta entidad de la Iglesia conducida por el cardenal Raúl Silva Henríquez convocó a artistas a expresarse en diversos ámbitos, inspirados en los derechos humanos. Luis Alberto obtiene el máximo reconocimiento en categoría cuentos.

Más de 35 años han transcurridos desde entonces y con ello una serie de publicaciones en diversas editoriales y varios otros premios y reconocimientos. De los últimos, los que más destacan son el primer lugar en “Santiago en 100 palabras” con “Soldado de terracota” (2012); el primer lugar también en el Concurso Nacional Arte y Derechos Humanos 2013 con el cuento “El Hospital”; y la nominación como finalista a los premios Altazor 2014, con su cuento “Un gran gato”.

Nunca fui tratado

Para Luis Alberto, un problema sin resolver en la educación mundial es la exclusión que sufren aquellos que poseen una inteligencia diferente, situación que confiesa haber vivido en carne propia y que, gracias a la literatura, no logró destruirlo. Estudiando Pedagogía en la Universidad de Chile cae en cuenta de una realidad que lo había acompañado desde siempre: su déficit atencional. Eso le hizo entender muchas cosas, por ejemplo, por qué todo lo estimulaba del mismo modo, su tránsito por temas que lo hacían conocedor de muchas materias, pero que no lo llevaban por ningún camino,  y la enorme paradoja que se produjo cuando obtuvo algunos de los mejores puntajes en la prueba de aptitud académica de su colegio, a pesar de obtener promedio 4,4 al salir de 4º medio. “Debí haber tomado Ritalín o haber visto neurólogo. Nunca fui tratado. Para tener déficit atencional y que no te avasallen en el colegio debes tener respuestas rápidas, una inteligencia muy viva… Tengo alumnos con déficit atencional que son brillantes y también tienen malas calificaciones. Su autoestima se destruye… El sistema está hecho para un solo tipo de inteligencia, un solo tipo de personalidad, y no es así, somos tan válidos como los demás… Hay muchas formas distintas de pensar y aquí se privilegia sólo una”.

Escuela maravillosa, irrepetible

De mucha importancia para su carrera literaria fue haber participado en el taller “Heinrich Böll”, dirigido por Antonio Skármeta en el Instituto Goethe en 1989. Allí compartió con Francisco Mouat, Alberto Fuguet, Rafael Gumucio, Pablo Azócar, Andrea Maturana, entre otros. “Me tocó conocer a individuos que tenían historias distintas a las mías. Algunos habían vivido en Francia, en Hollywood, en Los Ángeles como Fuguet, habían leído una cantidad de autores que yo no había leído por razones de situación social, económica. Estaban muy al día en muchas cosas. Yo había leído literatura española, que es la que tenía mi padre cuando había estudiado en la universidad. Contrastar experiencias fue muy valioso… Creo que fue un gran aporte de Antonio Skármeta. De repente llegaba con José Donoso, con Nicanor Parra, con el Mono Olivares. Las conversaciones que fuimos teniendo fueron una escuela maravillosa, irrepetible. A pesar de la fuerza que siento en mí como escritor, creo que ese taller me ahorró fácil 10 años de trabajo. Pude arribar a conclusiones artísticas que me hubiera demorado en llegar”.

Los Venegas

Luego de aceptar el consejo de un amigo de vender chistes a humoristas –mercado potente en su época y en el que se desempeñaba con facilidad por su background en la materia-, le ofrecen escribir un capítulo para la serie de  televisión “Los Venegas”. El guionista había enfermado, así que lo ubicaron y aceptó el desafío. Leyó unos 60 capítulos para empaparse del acervo del programa, mientras estaba convaleciente de una operación a la vesícula. Su trabajo gustó a tal punto que escribió cerca de 300 capítulos durante cinco años, al inicio de la década del 90.

Al cabo de algunos años, la producción del programa decide prescindir de su trabajo como guionista al constatar que, repitiendo los capítulos, la audiencia no disminuía. Le comunican que en septiembre quedaría sin trabajo, entonces toma una decisión que marca un antes y un después en su carrera literaria: rechaza un ofrecimiento de trabajo en un colegio, que le aseguraría estabilidad económica, para dedicarse con exclusividad a escribir el que puede ser considerado uno de sus libros más importantes: “Caballo Loco, Campeón del Mundo”, historia con más de 12 mil unidades vendidas, sin contar las copias piratas. “Es una opción muy valiente o muy irresponsable. Hoy lo puedo contar porque me fue bien. También he fracasado frente a aventuras literarias que no han fructificado, pero forman parte del aprendizaje”.

Durante algunos años había hecho una meticulosa investigación para escribir ese libro, que se basa en la historia del récord mundial de salto alto conseguido por Chile en 1949. Logra entrevistar al jinete de ese salto; también habla con quien había sido entrenador del caballo, que tenía 94 años. Luego, un capitán de Carabineros, Julio Fonseca, le enseña y explica todo lo concerniente a los caballos y al salto alto en la Escuela de Caballería de Carabineros.

Compartir un proceso interno

Para Luis Alberto los libros NO son proyectos que vienen desde afuera, sino procesos que nacen desde dentro. Son un modo para compartir una tema, una interrogante, una obsesión, lo que sea que el autor lleva en su interior y que va creciendo de modo desaforado, no dejándole descansar hasta que sale fuera: “Yo escribo un libro o un cuento cuando no hayo qué hacer con él, cuando me muero si no lo saco afuera. Dar a conocer la historia, sacarla afuera significa un descanso, significa al fin me liberé de esto… No me propongo escribir un libro, los voy sintiendo, los voy olfateando y me demoro muchos años”.

Su interés como escritor es hacer esa que considera la buena literatura, la que, terminada la última página, no sólo consigue entretener, sino que deja algo más, cambia la mirada del mundo, remece y/o remueve, y por tanto, será leída, querida y gozada por mucha gente, indistintamente de sus edades. “Cuando escribo algo, tiene que ser tan importante para un niño de 10, para uno de 15 o para un hombre de 40… Cuando escribo para niños no escribo para tontos. Escribo para chicos que son muy críticos, no les puedo mentir… Cuando escribo un libro o un cuento, ocupo mi oficio y mi talento, y mi compromiso con la vida”.

Hablamos de cosas parecidas cuando hablamos de literatura

Como otros escritores, Luis Alberto llega a Edebé a través de un concurso, que gana con su libro “Caballo Loco, Campeón del Mundo”, en 1996. Después de tantos años y personas que han pasado por la editorial, declara que sigue percibiendo la misma seriedad y valoración de su trabajo como escritor. Es más, señala que la actual administración le hace sentir protegido. “Nunca me han llamado de la editorial para exigirme más texto, o para decirme escríbete esto parecido a esto otro, o ya le achuntaste por aquí, escríbete algo parecido para que vendamos; nunca me lo han dicho y eso habla de respecto y de entender que uno es un escritor y que está haciendo algo… Hay un texto publicado en Edebé que me gusta mucho, “La tía Shony”. Me lo vieron en un lado y lo rechazaron, y de repente se lo paso a Jorgelina Martin y me dice, encantada, y lo publican inmediatamente. Ahí coincidimos. Tenía una gran apreciación por eso texto que no había sido valorado y ahí la editora lo valora. O cuando me llama y me dice tal cuento tuyo lo vi en internet, le digo, firmé esos derechos con otra editorial, pero sabía que ese cuento era bueno y me lo habían rechazado en otras partes, pero cuando la editora me investiga y me encuentra un texto y me llama por ese texto y estoy de acuerdo con ella, me siento protegido, me siento que estoy en un lugar seguro, me siento que cuando hablamos de literatura hablamos de cuestiones parecidas”.

Asumir una carencia en los niños hoy

Actualmente, Luis Alberto trabaja en el Colegio Altamira de Peñalolén, pero no como docente de aula, sino como cuentacuentos, desempeñando una función innovadora dentro de los proyectos educativos de los establecimientos educacionales, definido como acción de un plan especial de fomento a la lectura. “Nos dimos cuenta de que nadie les cuenta cuentos a los niños ahora. Los padres trabajan mucho… La forma de aprender el lenguaje de los niños es la conversación con sus padres y sus abuelos. Eso no se está dando. Entonces el colegio decide asumir esta realidad dando un horario de cuentacuentos semanal. Los niños logran tener dos a la semana. Es un trabajo de puente entre la literatura oral y la escritura… Con los niños se genera una energía muy potente y un amor por las historias que después se traslada a la lectura. El placer que tienen de escuchar una narración después lo encuentran por sí solos en las páginas de un libro”.

A poco de haber entregado a Edebé Litho para su próxima publicación, historia de un niño que colecciona piedras, ya piensa en la segunda y tercera parte, para seguir sacando desde dentro lo que declara como una obsesión que ha tenido desde siempre, la fascinación por este mundo. Además,  ya trabaja en la investigación de un tema para una novela de largo aliento, de “galope prolongado”, que intentará presentar una mirada totalizadora respecto de varios temas, desafío para el cual se siente maduro y en condiciones de asumir. Este trabajo, como los otros, los asume con el compromiso de siempre, de aportar arte que entregue sentido, procurando no traicionarse y no dejarse tentar por aquellas cosas que lo conviertan en un mercenario.

Publicaciones Luis Alberto Tamayo

- “Ya es hora”, cuentos (Edebé, 1986)
- “Caballo loco, campeón del mundo” (Edebé, 1997)
- “La goleta Virginia” (Edebé, 1998)
- “Pequeña historia de la señorita X. Testimonio de una adopción” (2001)
- “La tía Shony” en Viento fresco. Antología de cuentos juveniles II (Edebé, 2013)
- “Un gran gato” (Edebé, 2012)

Premios y reconocimientos

- 1978, Concurso de cuentos organizado por el Arzobispado de Santiago con motivo del aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

- 1985, finalista del concurso Chile-Francia.

- 1996, Concurso Edebé Novela Juvenil

- 1998, Concurso de cuento infantil organizado por CORDAM y COPEC.

- 2000, Concurso de cuentos Banco Santiago.

- 2003, Concurso “Chile: a 30 años aún creemos en los sueños”, Le Monde Diplomatique

- 2012, Concurso Santiago en 100 palabras con su cuento “Soldado de terracota”.

- 2013, Concurso Nacional “Arte y Derechos Humanos 2013”, Instituto Nacional de Derechos Humanos con el cuento “El hospital”.

- 2014, nominación a los premios Altazor, categoría literatura para niños y jóvenes con el libro "Un gran gato"

Fuente: Edebé Noticias

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